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Recursos Humanos

Después de los 45: la experiencia que el mercado laboral sigue sin valorar

Gabriel Piconero25 de agosto, 2026
Después de los 45: la experiencia que el mercado laboral sigue sin valorar

El edadismo laboral continúa siendo una de las formas de discriminación más invisibles en Argentina

Mientras las empresas hablan de diversidad e inclusión, miles de profesionales y trabajadores mayores de 45 años siguen enfrentando una barrera silenciosa al momento de buscar empleo: la edad.


Los datos son contundentes. Diversos estudios revelan que apenas dos de cada diez ofertas laborales están dirigidas a personas mayores de 45 años, pese a que se trata de uno de los segmentos con mayor experiencia, estabilidad y capacidad de adaptación dentro del mercado laboral argentino.


La paradoja resulta evidente. Las organizaciones demandan liderazgo, compromiso, habilidades de negociación y experiencia para resolver problemas complejos. Sin embargo, cuando llega el momento de contratar, muchas terminan privilegiando perfiles más jóvenes, reproduciendo prejuicios que poco tienen que ver con las competencias reales de los candidatos.


El prejuicio de la edad


El fenómeno tiene nombre: edadismo laboral.


Según investigaciones recientes, más de la mitad de los especialistas en recursos humanos reconoce que la edad influye en los procesos de selección. Incluso, el 68% de los reclutadores argentinos no incorporó a ninguna persona mayor de 55 años durante el último año.


La situación también afecta a quienes superan los 45 años. Muchas búsquedas laborales establecen límites etarios explícitos o implícitos, reduciendo considerablemente las oportunidades de reinserción laboral para profesionales que aún tienen entre 15 y 25 años de vida activa por delante.

No se trata de una cuestión de formación académica ni de capacidad técnica. Las dificultades atraviesan tanto a profesionales universitarios como a trabajadores con amplia experiencia en sectores productivos, comerciales o de servicios.


El valor que las empresas están dejando pasar


Paradójicamente, los trabajadores senior poseen atributos altamente valorados por cualquier organización.


La experiencia acumulada les permite desarrollar mejores capacidades de comunicación, negociación y liderazgo. Además, suelen presentar menores índices de rotación, un mayor compromiso con los objetivos organizacionales y una capacidad comprobada para gestionar situaciones de presión o incertidumbre.


En un contexto económico donde las empresas buscan optimizar recursos y construir equipos más sólidos, resulta difícil comprender por qué estos perfiles continúan siendo subestimados.

Las estadísticas muestran que la población laboral está envejeciendo y que la llamada "Generación Silver" representa un segmento cada vez más importante dentro de la economía.


Sin embargo, en muchas compañías las personas entre 50 y 65 años representan apenas una pequeña porción de la dotación total.


Cuando emprender deja de ser una opción y se convierte en una necesidad


Ante la dificultad para reinsertarse en el empleo formal, muchos profesionales mayores de 45 años encuentran en el emprendimiento una salida posible.


No porque necesariamente hayan soñado con iniciar un negocio propio, sino porque el mercado laboral tradicional les cierra las puertas antes de tiempo.


En este escenario, el emprendimiento se transforma en una herramienta de reinvención profesional. La experiencia adquirida durante décadas de trabajo se convierte en capital estratégico para desarrollar consultorías, servicios especializados, comercios o proyectos independientes.


La realidad demuestra que gran parte de los emprendedores que logran consolidar negocios sostenibles no necesariamente son los más jóvenes, sino aquellos que combinan conocimiento técnico, redes de contactos, capacidad de gestión y visión estratégica, competencias que suelen fortalecerse con los años.


Un desafío para empresas y políticas públicas

La inclusión del talento senior no debería ser únicamente una cuestión social. También representa una oportunidad económica.


De hecho, una amplia mayoría de empresas considera positiva la implementación de incentivos que faciliten la contratación de personas mayores de 45 años.


La discusión ya no pasa por determinar si una persona de 45, 50 o 60 años puede seguir aportando valor. La evidencia demuestra que puede hacerlo.


La verdadera pregunta es cuánto talento, experiencia y productividad está perdiendo el país cada vez que una empresa descarta un currículum simplemente por la fecha de nacimiento de quien lo envía.


En una economía que necesita crecer, innovar y generar empleo de calidad, quizás haya llegado el momento de entender que la experiencia no es un problema que deba ocultarse, sino un activo que merece ser aprovechado.

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